Diego ve un volante y allá va. El responsable del aparato no pudo evitar dejarle jugar, aún a riesgo de su trabajo. Buen paisanín.
Dieguete fue encontrando todas las cuestas del lugar y se lo pasó chupi. Como véis, la foto está adornada con el ramaje del "Árbol del Amor"...es que los quiero tantoooo.
Aquí no pude dejar de pensar en lo bien que me vendría la Botánica y el uso de sus múltiples "formas" para ejercitarme en las terapias a las que tan afín soy, pero bueno eso es otro tema y no tiene que ver con el chiquitín de la casa, ¿qué culpa tendrá él de tener un padre como yo,home?
En otra ocasión, logramos llegar al Botánico y la verdad es que siempre se encuentra algo que hace merecer la visita. Es un lugar de relativo sosiego en medio del ajetreo de la ciudad.
Para empezar no pudimos resistirnos al aperitivo del mediodía, eso sí, muy castizo...patatitas, mejilloncitos, cervezuqui,etc
Llegó la Semana Santa y nos vamos de viaje.... a los Madriles, a ver a la abuelita Pilar y al tío César. Nos deparan muchas aventuras. Si supiérais....